Acto del Comienzo de Clases: 100 años del Colegio "La inmaculada"

 

Buenos Aires, 10 de marzo de 2008

 


Autoridades eclesiásticas
Autoridades educativas de la Cdad. Autónoma de Buenos Aires
Hno. Provincial, Comunidad religiosa del Colegio y Hermanos presentes
Equipo Directivo, Personal Docente, Administrativo, de Maestranza del Col.
Exalumnos, Alumnos, chicos y chicas que están cursando sus clases aquí
Familias y amigos/as del colegios que hoy nos acompañan


100 años educando en ‘Parque de los Patricios’

 

El regalo fue: ‘’…pasar por el Colegio ‘La Inmaculada’’

 

Voy a hablar desde mi corazón de ser exalumno de esta escuela, sin pretensión de dar una cátedra, Uds. me entienden.

Sólo fui testigo de 50 años de la historia del Colegio LA INMACULADA de este barrio de Parque de los Patricios. Es mucho y es poco comparado con los 100 años que estamos celebrando.
Imagínense en el lejano 1908 cuando el barrio dejaba atrás un siglo XIX con troperos, y arrieros que galopaban el barrio trayendo el ganado a los corrales esperando el turno donde los frigoríficos de Mataderos harían su trabajo; en este contexto de cambio de siglo el colegio La Inmaculada abrió sus puertas para los chicos hijos de los que trabajaban en los frigoríficos y en los corrales. Esto hoy parece una novela.

Muchas cosas pasaron desde esos días. Mas pude observar y fui partícipe de numerosas etapas en el colegio, desde el experimentar como alumno cuando toda la comunidad educativa estaba en manos de los mismos Hermanos, hasta el comienzo de maestros y maestras, profesores y profesoras laicos que fueron tomando su protagonismo hasta hoy; desde que tenía sólo el nivel primario siendo un pequeño colegio del barrio, hasta encontrarnos hoy con un desbordante nivel inicial y primario completado con un secundario que enfrenta hoy un nuevo plan de estudios y reforma curricular.

El secreto o la fórmula pedagógica…: ‘’estaban con nosotros…’’. ¿Quiénes? Los Hermanos. Su presencia era infaltable, siempre estaban allí, o en el patio o asomándose desde las ventanas de sus habitaciones mirándonos cómo jugábamos, despertando nuestras curiosidades de ‘dónde y cómo vivían aquellos hombres que nos cuidaban tanto’. ¿Por qué tenían tanto interés en nosotros? La respuesta estaba en el secreto transmitido de Champagnat nuestro fundador: ‘’…para educar a los chicos hay que quererlos…’’.

Lo que más recuerdo es la presencia y devoción de unos hombres que se llamaban Hermanos y que estaban donde un grupo de ‘pibes’ estuviera: sea en clase o en el patio. Escondían la pelota debajo de su sotana, contaban cuentos que quedaban inconclusos para que al día siguiente estuviera el mismo público infantil escuchando el capitulo siguiente, el sonido del silbato para alertar que la hora de jugar se había terminado y la campana final que remataba pidiendo silencio para entrar a clase.

Deseo de superación, sentimientos religiosos, ansias de saber y conocer más, interés por aquellos chicos y chicas lejanos que no podían ir al colegio, sensibilidad por los lugares de misión, gusto por el deporte, organización, amistades buscadas y mantenidas, en fin muchas cosas más eran lo que nuestros maestros los Hermanos suscitaron en nosotros, los que pasamos por las clases de La Inmaculada.

El marco conceptual y su modelo pedagógico estaba hecho de exigencia, orden, emulación, competencia, amistad, haciendo entendible y desafiante lo complicado…, eran esos secretos pedagógicos y relacionales que hacían que siempre hubiera chicos alrededor del Maestro Hermano. Si en algo tengo que agradecerles a muchos de ellos por lo que hoy soy es por todo esto, porque quieras que no algo te dejaban en el corazón que recién te das cuenta una vez que han pasado los años.

Mucha agua pasó debajo del puente, y hoy muchas cosas han cambiado y sin duda hacen la diferencia para mejor de la propuesta educativa marista.

El colegio fue creciendo, vino el secundario, el campo de deportes, el jardín de infantes, las construcciones nuevas. La falta de Hermanos se sintió mucho, la llegada de docentes laicos con la semilla del espíritu de Champagnat en su corazón estaba creciendo silenciosamente, bebiendo de la misma fuente que hizo vivir a los mismos Hermanos que allí habían estado: Champagnat, su espiritualidad, su pedagogía, una educación evangelizadora con una opción fuerte por los chicos, las chicas y los jóvenes del barrio de Parque de los Patricios.

Personas, recuerdos, anécdotas se acumulan en mi interior, es difícil contar todo, pero todo se ha quedado pegado en la piel para no irse más. Si hoy hablamos y entendemos mejor la visión marista de la educación plasmada en expresiones como ‘un corazón sin fronteras’, ‘formar buenos cristianos y honrados ciudadanos’, ‘el construir un corazón fraterno donde todos pueden entrar y tienen un lugar especial’, es porque desde San Marcelino Champagnat hasta hoy, los educadores maristas queremos acercarnos a ese lugar privilegiado donde Dios vive y se manifiesta para nosotros, Hermanos y Laicos en Misión Compartida, que son los niños y los jóvenes. Sabemos y experimentamos que ellos y ellas son un lugar teológico donde nuestra Misión educativa cobra sentido.

Finalmente, considero mi paso por el colegio un regalo de Dios, de Champagnat y de mi familia en mi vida. Más que una educación me han acompañado silenciosamente a descubrir una vocación y un lugar en la vida que tiene que ver con lo que recibí. Más que una Institución colegial encontré hombres que la formaban y le dieron un estilo que hoy se sigue proyectando en el Barrio.

100 años no es más que un comienzo si lo vemos en la perspectiva de un Dios que siempre obra no importa la edad, ni el tiempo. La herencia que La Inmaculada tiene no puede ser olvidada. Una numerosa juventud la ha aprovechado. Ojalá sean muchos los que quieran seguir educando a la manera que Hermanos y Docentes laicos lo han hecho, posibilitando que Jesús y su Madre María sean más conocidos y amados.

100 años ya han pasado, se ha escrito una historia y recibimos una herencia. Gracias a todos los que hicieron posible que hoy estemos felices celebrando aquí el primer centenario. El segundo centenario ya comenzó y es tarea de todos nosotros. En esta misión y compromiso de educar todos nos necesitamos, la invitación es a navegar juntos estas aguas en el futuro.

Nada más. Muchas gracias.

 

Hno. Carlos Alberto Huidobro
Exalumno del Colegio
Promoción1961

10 de marzo de 2008

 

 

 

Fecha de Publicación: 12/03/2008

 

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