Viajeros en la Esperanza
Historia de Marcelino Champagnat
y compañeros Fundadores de la Sociedad de María

Autor: H. Frederick McMahon, F.M.S.
Traductor: H. Jesús Acuña M., F.M.S. (CEPAM)
Editor: H. José Diez Villacorta F.M.S.

CAPITULO SEIS : 1832 - 1836

EL TORMENTO DE LA ANSIEDAD

LAS HERMANAS BUSCAN NUEVAS UBICACIONES

La desalentadora carta que Pompallier envió a las Hermanas a finales de 1832 arruinó las esperanzas de las Hermanas Maristas. Una comunidad en St Chamond les hubiese procurado un lugar de apoyo en la arquidiócesis de Lyon y les hubiese facilitado la proximidad con el P. Champagnat y los Hermanos en el Hermitage, así como con Terraillon, que tenía a su cargo la parroquia de la población.

Al inicio del siguiente año les llegó otra carta de Pompallier. Aparte de proporcionales evidencias de las relaciones amistosas entre los Terciarios Maristas en La Favorite (grupo de Pompallier) y las Hermanas en Bon Repos, la carta también contenía otras noticias más desalentadoras, pues la arquidiócesis posponía la fundación de las Hermanas en la ciudad de Lyon. La otra noticia que Pompallier les daba era que Cholleton , Vicario General, que estaba tan a favor de los Maristas, había sido nombrado por el Arzobispo de Pins para que se hiciera cargo de los asuntos de los Maristas, esto no fue ninguna consolación, pues el nuevo Vicario General no podía hacer nada para el establecimiento de las Hermanas en la ciudad de Lyon. Cinco largos años tuvieron que pasar antes de que las Hermanas Maristas pudieran venir a esta gran ciudad.

Mientras tanto las facilidades en Bon Repos eran cada vez más difíciles a pesar de las ampliaciones hechas al edificio. No había escasez de vocaciones, pero debido a las condiciones de aglomeramiento, las jóvenes que deseaban entrar a la congregación tenían que ser pospuestas. Jeanne-Marie, habiendo experimentado las limitaciones en el amontonamiento de espacio en Cerdon, era consciente de la necesidad de un espacio más adecuado para vivir una vida comunitaria normal.

Las nuevas aspirantes eran prometedoras no solo en número sino también daban garantías en cuanto a calidad. Las Hermanas de Cerdon, aunque eran buenos elementos, procedían de un limitado rango de clase social. En las poblaciones más grandes como Belley y especialmente en St Chamond (en este último tanto el P. Champagnat como Terraillon fueron muy activos en el reclutamiento) ofrecía una amplia gama socioeconómica de señoritas, algunas de ellas muy bien educadas. Este desenvolvimiento suministraba un enriquecimiento de las Hermanas en sus logros, intereses apostólicos y favores sociales. También tenia sus peligros pues encontramos que el P. Champagnat no era el único en tener dificultades entre sus seguidores. Posteriormente Jeanne-Marie encontró oposición en su liderazgo principalmente por un grupo de estas ultimas aspirantes.

En 1833 se tenían esperanzas para nuevas fundaciones. Se cuenta con constancias tomada de una carta dirigida a Jeanne-Marie y que le enviaba Jean-Claude Colin desde Roma donde se encontraba procurando la aprobación de la Sociedad de María. "Yo vería con muy buenos ojos que se abriera un establecimiento en La Côte-St-André. Encomiende esto en sus oraciones a Nuestro Señor. En cuanto a la comunidad de Montluel, tal vez no sea necesario esperar mi regreso". Conviene hacer notar que los Hermanos Maristas ya estaban en La Côte-St-André; ya tenían dos años de estar allí. El poner un establecimiento en La Côte colocaría a las Hermanas no solamente en una nueva diócesis, sino que al igual que en la proyectada fundación de St Chamond, estarían en la misma población donde ya se encontraban los Hermanos Maristas. Lamentablemente ninguno de estos planes junto con el proyecto de Montluel se hicieron realidad.

Parece ser que la sugerencia de que las Hermanas Maristas vinieran a La Côte fue sugerida por el P. Champagnat. Colin escribió al P. Champagnat a propósito de eso: "Yo me encontraría muy contento de que hubiese un establecimiento de las Hermanas en La Côte pues espero que algún día el colegio pertenezca a la Sociedad. Haga todo lo posible para alcanzar el éxito de este proyecto". En ese tiempo Colin, aunque ordinariamente no estaba a favor de la expansión de la congregación de las Hermanas, si estaba lo suficiente entusiasmado que las Hermanas, al tener nuevas fundaciones, se encontraran en los mismos lugares donde había otros Maristas. Con el correr del tiempo su visión en relación a este punto en particular cambiaría radicalmente.

Jeanne-Marie Chavoin abogaba por más fundaciones para las Hermanas, no únicamente para tener mas espacio vital para ellas sino que también deseaba hacer frente a las necesidades pastorales de la gente por medio de una variedad de ministerios. Las parroquias pedían Hermanas Maristas, y también los Padres Maristas junto con los Hermanos Maristas en donde ellos ya se encontraban. Los padres habían sido instrumento en enviar aspirantes a Bon Repos donde sí había suficiente lugar para dar cabida a las postulantes. Los Sacerdotes y los Hermanos habrían dado la bienvenida en sus localidades a las Hermanas para su apostolado. Las medidas que se tomaron dan prueba para que la rama femenina de la Sociedad se estableciera en St Chamond y posteriormente en La Côte-St-André, a pesar de que estos esfuerzos fueron inútiles.

En 1835 Colin vio la oportunidad para un nuevo establecimiento en Meximieux en la diócesis de Belley. Se adquirió un terreno en este pueblo donde se encontraba un seminario menor bajo la dirección de uno de los primeros Maristas, el Padre Maîtrepierre. Colin se encargó del arreglo económico, pero se veía venir un problema, pues las Hermanas de St Joseph ya estaban bien establecidas en esta población de 2,000 habitantes y no estaban de acuerdo ante el prospecto de la llegada de otra congregación cuyo apostolado, como el de ellas, también era de la educación. Se pidió al Obispo Devie que actuara como mediador. Devie ya había tenido con Colin más de una sesión en relación a esta proyectada fundación pero él consideraba que el punto de la educación tenía que ser arreglado. A esto Colin respondió "Si su Señoría les prohibe enseñar, le prometo que al día siguiente de cualquier desobediencia en este punto, yo le quitaré el velo a la Hermana desobediente". La fundación se llevó a cabo. Como resultado las facilidades en Bon Repos mejoraron mucho.

Una buena prueba para ilustrar la existencia de buenos lazos entre los primeros Maristas se pueden encontrar en la carta de Jean-Claude Colin al Padre Champagnat en enero de 1835. "La Superiora de Bon Repos tiene dos sobrinos, hermanos del joven Millon a quien usted tiene en el Hermitage. Es su deseo ardiente que ellos se retiren del mundo. Ella quisiera verlos en la Sociedad de María, pero los niños no tienen fortuna ni tampoco padre ni madre... A ver lo que en su caridad puede hacer por ellos". El hecho es que de los seis sobrinos de Jeanne-Marie cuatro estaban en formación para ser Maristas. Lamentablemente no todos perseveraron. Existe otro ejemplo en lo que concierne a las relaciones familiares dentro de la Sociedad y es el del protomartir de Oceanía, el Padre Pierre Chanel, que en un momento tuvo a dos de sus hermanas con Jeanne-Marie Chavoin. Existe la leyenda, aunque no ha sido aceptada por todos, que las facciones de una de las hermanas, que se parecía mucho al Padre, fueron tomadas como modelo para el cuadro que se pintó de él después de su muerte.

 

LA TERCERA ORDEN - COLIN Y LA RAMA DE BELLEY

El desarrollo de la Tercera Orden Marista durante los cuatro años entre 1833 y 1836, debe ser considerado en lo que se relaciona con las dos diócesis. De manera particular, se llegará a una mejor comprensión de la historia de la rama en Belley a la luz de los arreglos que se efectuaron en Roma. Para hacer esto tendremos, en parte, que seguir la trayectoria de la misión de Colin en la Ciudad Eterna.

La primera alusión de la Tercera Orden De Colin nos viene de la pluma del P. Marcelino Champagnat. En carta dirigida al Obispo Devie a fines de julio de 1833, el P. Champagnat apoya al superior Marista: " Encuentro bastante aceptable la idea del P. Colin en cuanto a la Tercera Orden. Yo creo que, tal y como su Excelencia la concibe, tendrá éxito". Meses después Colin habla del proyecto en el documento que ha preparado para las autoridades Romanas con quien se encontró ese año. "Las puertas de la Sociedad no se han cerrado ni siquiera a los laicos que viven en el mundo... hemos también agregado los ejercicios de una Tercera Orden en beneficio de seglares de ambos sexos...". Unos días después Colin pidió directamente al Papa por la Confraternidad de la Tercera Orden en ese tiempo ya existente en Belley. La petición presenta el amplio alcance de la idea de Colin. "Aquellos que son miembros de la Tercera Orden - laicos de ambos sexos y miembros del clero diocesano - desean compartir la oración y las buenas obras de los religiosos de la Sociedad de María - Padres, Hermanos y Hermanas. Su objetivo es el revitalizar la fe entre los Católicos, reunir a los fieles con lazos comunes de amor y servicio a María como miembros de la familia de la Madre de Dios, que es nuestra Madre". El proyecto de Colin entonces era vasto e incluía a todos. Con el nombre de "Confraternidad de la Madre de Dios", la rama de Belley, por ningún motivo era grupo elitista que procuraba una perfección espiritual.

La Tercera Orden estaría en unión con la Sociedad de María y compartiría sus metas apostólicas: la conversión de pecadores y la perseverancia del justo. Colin se sentía optimista por el éxito, pensando (erróneamente) que la Tercera Orden sería bien recibida por las autoridades del Vaticano. En el mes de diciembre de 1833 escribe desde Roma a Jeanne-Mariae Chavoin: "Atiendan bien a los miembros de la Tercera Orden. Aquí en Roma esta asociación es altamente apreciada. Dígale a mi hermano y al Padre Convers que procuren incrementar el número de sus miembros...". El hecho de que Jeanne-Marie Chavoin estaba interesada en hacer avanzar el desarrollo de la Tercera Orden en Belley esta evidenciado por el hecho de que a principios de 1833 participó en un retiro para damas de la incipiente Tercera Orden.

Lamentablemente, el gran proyecto de Colin no llamó la atención al responsable en el Vaticano de la solicitud de los Maristas, el Cardenal Castracane. A pesar de la oposición de los miembros de la curia Romana, después del regreso de Colín a Francia, obtuvo algunas concesiones importantes para la Tercera Orden Marista en Belley. No se puede otorgar crédito a nadie pues esto fue sencillamente resultado de una confusión de la burocracia de Roma. En el mes de septiembre de 1834 Colin recibió tres Breves de Indulgencias por parte del Papa Gregorio XVI. Esto equivalía a una aprobación de la Tercera Orden. Colin se puso muy contento y comunicó su alegría al P. Champagnat: "El día de ayer recibí tres Breves del Santo Padre para el establecimiento de la Confraternidad que nosotros llamamos la Tercera Orden de la Sociedad de María. La recepción de estos Breves nos ha llenado de alegría y confianza en Dios. Espero que muy pronto recibamos otro Breve para la Sociedad de María como tal". La naturaleza fortuita de este reconocimiento fue un heraldo para una mejor suerte: la aprobación de la Sociedad de María (los sacerdotes) en 1836.

La alegría de Colin en relación a la Tercera Orden en Belley no duró mucho. Un viento helado enfrió su ardor. Tal vez se acordaba de las objeciones presentadas en Roma, especialmente las jocosas bromas acerca de no aceptar obispos. Con seguridad Colin no deseaba predisponer a la iglesia local y a su líder el Obispo Devie. Pudo disipar la visión equivocada de sus acusadores que lo denunciaban como el que alejaba a los fieles de sus obispos y fomentaba lealtad al Superior de la Sociedad de María -- a el mismo Colin .

Jean-Claude Colin era un hijo fiel y leal a la Iglesia -- leal de corazón. Se mantenía firme en realizar el trabajo de Dios de manera "obscura y desconocida" . Por lo tanto, no se necesitó mucho estímulo para inducirlo a dejar de lado la promoción inmediata de la Tercera Orden en la Diócesis de Belley. Y ciertamente, como lo veremos, esto es exactamente lo que sucedió. Sin embargo, en la arquidiócesis de Lyon los resultados fueron otros..

 

 LA TERCERA ORDEN - POMPALLIER Y LA RAMA DE LYON

Mons. Pompallier Una vez que Pompallier fue liberado de sus obligaciones en el Hermitage, fue el hombre que estaba destinado a servir como guía espiritual del grupo en el que se originó la iniciativa de que fuera totalmente laico. Esto sucedió ante las sugerencias del Cholleton, Vicario General, que estos laicos se orientaran a los Maristas y a la vez a Pompallier solicitando su dirección. Ahora, como capellán del internado del grupo en Fourvière, contaba con la visión y el tiempo adecuado para aconsejar y guiar a los laicos interesados en los Maristas. En el curso académico de 1832-1833 estableció el Instituto de los Hermanos Terciarios de María que de hecho, era un instituto secular, y cuyos miembros hacían los tres votos de religión, contando con una Regla pero sin ninguna vestimenta que los distinguiera y desempeñando su trabajo ordinario como seglares.

En cuanto al tiempo, este grupo precedió al de Belley. Pompallier era una persona exigente y no fácil de trato. Tuvo una desavenencia con Colard, entonces rector de la escuela internado, en el otoño de 1833 la había cambiado a La Favorite, una región de Lyon no muy alejada de Fourvière. Colard presentó su renuncia a su puesto y se cambió a otro lugar fundando otra escuela internado.

Se tiene conocimiento de los Hermanos Terciarios por una carta del Padre Forest al P. Champagnat redactada el 20 de julio de 1836. En ella se le comunica al P. Champagnat un secreto: el cura párroco de St Pierre en St Chamond había ofrecido el colegio de ese pueblo a los Hermanos Terciarios. Esta información debió sorprender y desconcertar al Padre Champagnat, pues las autoridades del colegio ya habían sido motivo de angustia en el pasado y no tenía manera de saber si el nuevo régimen de la escuela, dirigida por los miembros de la Tercera Orden Marista, traerían de nuevo los problemas vis a vis en contra del colegio. No quedaba otro remedio que vivir de la esperanza. Sin embargo, en el transcurso de los acontecimientos el cambio propuesto no se llevó a cabo en ese momento. Como nota interesante encontramos que cuando los Padres Maristas tomaron posesión del Colegio de St Chamond en 1850, la primera persona que los Maristas nombraron como titular de la Dirección fue Delaunay, uno de los primeros Terciarios Maristas.

Pompallier continuó ejerciendo una influencia marcada en el grupo de Terciarios. A inicios de 1836 el ama de llaves de la escuela internado en La Favorite, junto con otras tres señoras, accedieron a asistir a una reunión convocada por Pompallier. Allí se les comunicó que ellas serían el inicio de una asociación de Vírgenes Cristianas que formarían un tipo de instituto semejante al de los Hermanos Terciarios de María. Poco tiempo después Pompallier recibió el nombramiento de jefe del grupo de Maristas para las misiones de Oceanía. Al separarse del grupo de las Vírgenes Cristianas (apenas habían tenido dos reuniones con él) Pompallier respondió a las muestras de pesar por su separación. Una de las señoras nos narra lo acontecido. "El nos contestó que el costal se quedaba con nosotras y que de ahí saldría la harina: con esto hacía alusión a la Sociedad de María que permanecería con nosotras y nos formarían en el mismo espíritu y la misma caridad". Entonces Pompallier se fue al otro lado del mundo como jefe del grupo de los siete misioneros Maristas. ¡Sin embargo, él no fue como Marista! La frágil planta que dejó, las Vírgenes Cristianas de la Tercera Orden de María, sería, a su debido tiempo, la fuente de donde las ramas de congregaciones de mujeres eventualmente florecerían en las cuatro esquinas del mundo, portando la fragancia del Evangelio, el conocimiento de Cristo, "como un grato perfume" a aquellos pueblos que desconocían su presencia en el mundo.

 

UN TIEMPO DE PREPARACIÓN PARA PERROTON

En el año de 1836 la primera de estas misioneras, Françoise Perroton, aunque no pertenecía a la Vírgenes Cristianas de Pompallier y ya con cuarenta años de edad, se encontraba comprometida con su trabajo y con su pertenencia a organizaciones religiosas. Estas asociaciones desempeñaron una parte muy semejante a la que similares asociaciones lo hicieron con Jeanne-Marie Chavoin.

En 1833 Françoise entró al servicio de una familia burguesa de Lyon, Los Jamots. Con su madre, que vivían en la misma casa, Françoise trabajaba tanto en la tienda como en el mantenimiento de la casa de la familia Jamot pronto llegando a ser una empleada y compañía de todas las confianzas.

Ya habíamos notado que Françoise había recibido una sólida formación. En esto tuvo suerte pues le abrió muchas puertas. Sus actividades religiosas, una de las cuales era liderear a una "docena" de las que recolectaban el "centavo" semanal para la Propagación de la Fe, le facilitó tener contacto social con personas de la más alta sociedad. Lo mismo sucedía a nivel cultural pues los Jamots se rozaban con círculos intelectuales. Françoise, realizada como estaba, se relacionaba y conversaba agusto en compañía de Fréderic Ozanam, de Laprade, y otros pensadores. Mujer inteligente, de humor discreto, y con muchos recursos, creció espiritualmente por medio de la oración, las devociones y obras buenas a la vez que se desarrollaba humanamente en sociabilidad y confianza, cualidades necesarias para la gran aventura que le vendría a su edad madura. 

 

COURVEILLE - LÍDER FRACASADO

Después de haber sido rechazado en septiembre de 1832 por Jean-Claude Colin en aquel retiro de los sacerdotes de la arquidiócesis de Lyon, Jean-Claude Courveille se dirigió una vez más a Apinac, donde su madre había nacido y donde contaba con algunas propiedades. Se encontraba en la parroquia de su tío pero, por un breve lapso de tiempo, no se le había permitido ejercer su ministerio sacerdotal. En el bosque que cercaba los linderos de la parroquia construyó una pequeña ermita y una capillita. Aquí organizaba peregrinaciones para los niños y pronto adquirió fama de santidad. El renombre no estaba garantizado pues probablemente en el otoño de 1832, Courveille cayo en graves faltas morales que condujeron a una salida precipitada de Apinac a principios de 1833. La mayor parte de los siguientes años Courveille llevó una existencia tormentosa.

El obispo de Bourge lo aceptó en su diócesis y lo nombró capellán de un hospicio en Châteauroux. En Septiembre de 1835 otro escándalo violentó la salida para otro lugar, esta vez a la diócesis de Rheims. El buen obispo dió a Courveille un nombramiento en Witry-lès-Reims, pero sorpresivamente también dejó este puesto sin lugar a dudas por las mismas razones que en los anteriores lugares. Sin embargo pudo obtener una carta del obispo de Le Mans que lo introdujo al abad del monasterio refundado de Benedictinos en Solesmes, el ya famoso dom Guéranger.

Cuatro terribles años llegaron a su termino para Courveille cuando fue aceptado en el monasterio benedictino. En cuanto a las tristes faltas de este desequilibrado sacerdote, ciertamente eran de tal naturaleza que se le podía haber llevado ante las Cortes de la Justicia, pero parece ser que siempre lograba cubrirse de la consecuente ira. Existe una tradición, reportada por el Padre Lagniet, que menciona un breve encarcelamiento de Courveille pero esto no ha podido ser constatado. Hasta cierto punto, el castigo de Courveille fue el recomendado para la madre de Hamlet "Déjenla al cielo y a las espinas que moran en su pecho para que le remuerdan y la aguijoneen".

Es difícil comprender a Courveille, pero se debe hacer el esfuerzo. Parece ser cierto que él estaba genuinamente convencido que la Madre de Dios lo había comisionado para fundar la Sociedad de María. Se dió de lleno a esta tarea pero la dulzura de la primera inspiración y los primeros logros se perdieron por las fallas e incomprensiones subsiguientes. Era consciente de que lo hicieron a un lado, y de recibir una serie de rechazos que culminaron en la expulsión final por sus compañeros con las palabras pronunciadas por Colin en aquel Retiro de 1832. La serie de fracasos morales lo marcaron a lo largo de los siguientes cuatro años. Finalmente, a la edad de cincuenta, este hombre que hoy aprendió a verse a si mismo, este hombre que no había llegado a tener un adecuado conocimiento de si, este Courveille se encontraba en el umbral del monasterio de Solesmes. Allí, a lo largo de los siguientes treinta años, este hombre de sueños tuvo oportunidad para alcanzar la sabiduría. A pesar de su vida de clausura como Benedictino, Courveille estaba destinado sin embargo a sobresalir una vez más en la historia Marista. 

 

C O L I N - D E S T I N O, R O M A

La elección de Jean-Claude Colin como Superior Central de los Maristas en 1830 acicateó a este tímido clérigo a planear y a actuar para un mundo más allá de las diócesis de Belley y de Lyon. Su objetivo era Roma. Manteniendo su título de Superior en el seminario menor (tal y como era el deseo del obispo) pero a la vez teniendo un subdirector para atender los asuntos de diario, se veía Colin posibilitado de dedicar tiempo para pensar las estrategias que le ayudarían a alcanzar la aprobación de la Sociedad de María. El hecho de que existieran dos casas de formación para los sacerdotes Maristas, el antiguo monasterio Capuchino en la diócesis de Belley y la abadía de Valbenoîte en la de Lyon significaba que Colin podía acudir a los dos obispos con la confianza que por lo menos sería escuchado. Además Colin estaba plenamente consciente del impacto hecho por los Hermanos de Champagnat en el campo de la educación, y lo efectivo de los sacerdotes Maristas en Lyon en relación a la formación de los Hermanos junto con la atención a los ministerios de las parroquias de la arquidiócesis. El Superior Marista podía también señalar la elevación espiritual como fruto de las misiones internas y lo bien atendido que estaba el seminario menor en Belley, ambos siendo el fruto del trabajo de los padres Maristas.

Colin poseía algo más, su capacidad como negociador y su paciencia para alcanzar sus objetivos. Debido a la naturaleza supradiocesana de la Sociedad de María, pues en realidad los Hermanos del P. Champagnat también laboraban en las diócesis de Viviers y Grenoble, Colin podía emplear la quasi-rivalidad entre las dos principales diócesis para avanzar la causa de la Sociedad. "Pongo cierta rivalidad de uno contra el otro y así se hace el trabajo de Dios". Estas palabras encierran muy bien la combinación de sagacidad humana y confianza sobrenatural que se manifiestan en las cartas de Colin, especialmente en lo que se relacionaba a los acontecimientos diocesanos. Aquí se encuentra el Colin entero, un humor calmado, una verdadera fe y un profundo conocimiento de los hombres. Poco tiempo después de su elección como Superior Central, Colin pensó en escribir a Monseñor Macchi, su contacto en París desde 1822. Para estas fechas Mons. Macchi ya era cardenal en la Curia Romana. La carta, escrita en la primavera de 1831, trajo como respuesta: ¡Venga a Roma! Colin por ahora no pudo realizar dicho viaje, los obispos locales se oponían basándose en lo inestable de la situación política en Italia.

Para el año de 1833 ya se había establecido el orden europeo, los padres Maristas ya se encontraban bien establecidos en sus dos noviciados y los prospectos consecuentemente se veían alentadores para obtener permiso para poder viajar a Roma. La bienvenida otorgada a Colin por parte del Arzobispo de Pins en el mes de enero de 1833 avizoraba una luz verde para presentar una petición formal que llegó a su debido tiempo en el mes de abril y por medio de la cual se llegó a un acuerdo en principio.

Un "principio" deseado que se transformó en una "práctica", entonces Colin escribió al Cardenal Macchi, solicitando le facilitara las cosas. El Cardenal gustoso escribió al Obispo Devie, alentando que permitiera el viaje. Mientras tanto el Arzobispo de Pins y el obispo de Grenoble enviaron sus recomendaciones por escrito. La rivalidad entre las diócesis favoreció la causa de Colin. El Obispo Devie, no dudó el que sus misioneros diocesanos se esfumaran de su vista, muy a su pesar otorgó el consentimiento. Colin nos comenta el acontecimiento de la siguiente manera: "La Administración de Lyon me otorgó un buen certificado. Entonces formulé la siguiente observación: "Es admirable que Lyon hace más por nosotros que nuestra propia diócesis". Esas palabras fueron transmitidas al obispo de Belley, quien entonces nos otorgó una halagadora carta que ciertamente yo no pedí".

Armado con estas cartas de recomendación, la Regla de los Padres con el texto revisado, una petición para la Tercera Orden de Belley y una carta firmada por todos los sacerdotes aspirantes, Colin inició su viaje a Roma acompañado por los Padres Bourdin (Lyon) y Chanel (Belley). El hecho de que los dos jóvenes sacerdotes eran miembros del cuerpo magisterial del seminario significó que contaban con tiempo suficiente para el viaje pues se encontraban en tiempo de vacaciones. El acicate que movía a Colin para ir a Roma era un voto particular que él había emitido en Cerdon: el de trabajar para la Sociedad de María hasta que la situación de la Sociedad se encontrara sujeta al Soberano Pontífice. Sin embargo, es muy probable que no nada más se tratara del deseo de explicar la Sociedad , sino también el de alcanzar la aprobación, que fue lo que movió a Colin el encaminarse a esa ciudad en la que, de acuerdo a la leyenda, todos los caminos conducen a ella.

El viaje no fue cosa fácil. Hubo problemas con el pasaporte, una tormenta en alta mar y un barco lento a Civitavecchia. El expediente Marista fue entregado al Cardenal Macchi, por lo tanto y a su debido tiempo al Prefecto de la Congregación de Obispos y Regulares. El complaciente Cardenal Macchi consiguió una audiencia privada con el Papa antes de que éste saliera para Castel Gandolfo. El Papa no hablaba francés y los Maristas no podían con el italiano, la audiencia se realizó en latín un tanto cuanto oxidado, a lo menos por parte de los visitantes. Lamentablemente la visita a Roma se realizó en una época no muy adecuada, pues era la época del año para la siesta de la que Roma se despierta hasta el mes de octubre. Los dos maestros se regresaron a Belley, " ... lentamente como caracoles y sin muchas ganas de regresar a la escuela", el camino seguido fue: Ancona, Bologna, Ravenna, Ferrara, Venecia, Milán, Vercelly, Turin y Chambéry. Durante el resto de ese verano Colin, el líder, se pasó las semanas del verano sudando en la oración hasta el tiempo oportuno para sostener una audiencia con las autoridades adecuadas. Aconsejado que agregara a la Regla de los sacerdotes la de las Hermanas y los Hermanos, Colin empleó todo el mes de noviembre redactando el Summarium Regularum. Presintiendo que esta vez habría dificultades para obtener la aprobación para toda la Sociedad, formuló cuatro peticiones: permiso para aceptar postulantes, elegir un Superior General, que se emitan votos religiosos y para la Tercera Orden recibir indulgencias.

 

EL CARDENAL CASTRACANE DA EVASIVAS

El Prefecto de la Sagrada Congregación, Cardenal Odescalchi, dió a entender a Colin que el amplio alcance de la Sociedad, tal y como se presentaba, causaba dificultades. Odescalchi, pasó entonces el expediente al Cardenal Castracane, que fue el encargado de la solicitud. Este cardenal le otorgó una cordial y calurosa bienvenida pero encontró difícil aceptar la idea de tan enorme Sociedad con cuatro ramas, de manera particular la rama que sería una confraternidad para poner a todos los fieles bajo la protección de María. Colín comprendió que sus peticiones requerían algunos cortes o más bien una buena poda. Al final se concentró en obtener lo posible, que a los sacerdotes Maristas de las diócesis de Lyon y Belley se les permitiera, sujeto a la aprobación de sus obispos, el elegir un Superior y que se concedieran indulgencias a las diferentes ramas de la Sociedad. Cardenal Castracane

El "todo lo posible" de Colin no fue proporcionado a lo "autorizado" por la Sagrada Congregación.

El largo informe de Castracane desbarató con éxito la estructura de la Sociedad de María. Sin embargo, por lástima, recomendó que se otorgara permiso a la rama de los sacerdotes el elegir un Superior y que se otorgaran indulgencias únicamente a los sacerdotes. Esta recomendación fue debidamente aprobada por la Sagrada Congregación. Como resultado se envió una carta a cada uno de los dos obispos, con un agregado significativo: esta decisión estaba sujeta a la aprobación de los obispos relacionados.

 

AMIGOS EN PALACIO

Colin salió de Roma sin haber escuchado la decisión de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares. Tal vez esto le resultaba lo mismo, pues no solamente dió esperanzas a los Maristas para que algo más substancial fuera concedido -- la esperanza siempre es eterna en el corazón humano - sino que también dió amplitud a los amigos de los Maristas, particularmente a Trinchant, sacerdote francés, que había trabado amistad con Colin para trabajar a su favor en Roma. La inesperada suerte de las Indulgencias para la Tercer Orden Marista en Belley ya había sido otorgada. Las instrucciones mal transmitidas dentro de la Curia Romana condujeron a una confusión allí mismo y para Belley una grata sorpresa, pues en el mes de septiembre de 1834, Colin recibió los Breves de las Indulgencias. El Padre Trinchant, abogado de la causa Marista en Roma, vió el peligro de la cláusula añadida al permiso otorgado a los sacerdotes Maristas para elegir un Superior. A los ojos de Trinchant la expresión "sujeto a la aprobación de los Obispos" significaba que todo prospecto de aprobación podría ser comprometido por un largo período de tiempo. Trinchant realizó su jugada con mucha habilidad y astucia. Como la Tercera Orden ya contaba con el equivalente a una aprobación (los tres Breves así lo indicaban) él presentó el memorándum de Colin en el otoño de 1834, omitiendo toda referencia a la Tercera Orden. La decisión fue la misma (aprobación para que los Maristas elijan a un Superior), pero esas dañinas cartas concernientes a la aprobación episcopal nunca llegaron a los obispos de Belley y Lyon. Sin lugar a dudas Trinchant una vez más intervino .

Aparte de lo obtenido para la Tercera Orden (que ya se ha considerado anteriormente), los sacerdotes Maristas ya contaban con la aprobación de poder elegir a un Superior. No tenían más. Todavía eran diocesanos en relación a sus deberes apostólicos, no contaban aún con la amplia libertad de una congregación con derecho pontificio. El expediente Marista todavía se encontraba en Roma inactivo y felizmente no sería por mucho tiempo.

 

LAS MISIONES DEL PACIFICO HACEN DE LOS

MARISTAS UNA REALIDAD

En el lapso de un año los Maristas son el centro de atención ante las autoridades Romanas. En parte se debió al fervor misionero del nuevo Pontifice, Gregorio XVI quien fue el responsable para reavivar el interés de Roma por la Sociedad guiada por Jean-Claude Colin. Roma estaba preocupada por la actividad de las sociedades misioneras protestantes inglesas en el región del Pacífico, entonces determinó establecer un Vicariato en Oceanía Occidental. Lo difícil estaba en encontrar sacerdotes para el nuevo campo misión y un líder que tomara la dirección. Hubo un acercamiento a propósito del liderazgo que fue ofrecido al Padre Pastre, hombre enfermizo que se había retirado a Lyon, donde llegó a ser canónigo de la Catedral. Tratando de ser útil, el P. Pastre le mencionó la idea al Vicario General Cholleton, quien a su vez pensó inmediatamente en Pompallier, que en ocasiones le había expresado su deseo de trabajar en las misiones extranjeras. Pastre se entrevistó con Pompallier y lo encontró bastante capaz y le comunicó de la misión propuesta.

Siendo todavía Pompallier aspirante Marista envió una carta a Colin. El Superior central de inmediato previó los buenos resultados que acarrearía la aceptación para la aprobación de la Sociedad de María. Invitó a Pompallier a aceptar, aconsejándole el hacer mención específica de las ramas de los Padres y Hermanos como fuentes de elementos misioneros. Pastre escribió a Roma adjuntando la carta de Colin a Pompallier. El sombrero Marista ya estaba en el ruedo. Los Maristas recibieron más respaldo cuando el Arzobispo de Pins, en respuesta a una carta de la Sagrada Congregación de Propagación de La Fe, decía que procuraría encontrar misioneros, asegurando que la Sociedad de Sacerdotes de María los podría suministrar. La mejor parte de este intercambio fue que no se había hecho referencia de los Maristas en la petición a De Pins por parte de la Congregación de Propagación de la Fe. Por lo tanto Roma se dió cuenta que De Pins, al recomendar a los Maristas, no había sido influenciado por alguna insinuación venida de la misma Ciudad Eterna.

El 23 de diciembre de 1835, la Congregación de la Propagación de la Fe tomó la decisión de confiar el nuevo campo misión a la Sociedad de María. Tal y como se esperaba, se había previsto la posibilidad de obtener la aprobación pontificia para la rama de los sacerdotes de la Sociedad. El Vicariato de Oceanía Occidental fue debidamente otorgado a la Sociedad de María, y no a Pompallier, que era un desconocido en Roma y poco conocido en Lyon. El tiempo que medió entre esta decisión y la de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares fue muy breve. El 29 de abril de 1836 el Decreto Papal "Omnium Gentium" fue seguido por el de la aprobación otorgada por la Sagrada Congregación con fecha del 11 de marzo. Después de veinte años de esfuerzos, los sacerdotes Maristas obtuvieron el reconocimiento Pontificio. La noticia fue motivo de una gran alegría pues ahora eran hombres libres, sin ningún control de los obispos diocesanos. Quince días después, por recomendación del Arzobispo de Pins y del Padre Pastre, el Padre Pompallier, fue oficialmente nombrado como Vicario Apostólico de la vasta región de Oceanía Occidental. Los pensamientos del feliz grupo de Maristas se volcaron hacia la formación de su Sociedad supra-diocesana, a la elección de sus superiores y a la selección del equipo de misioneros para el extranjero.

Los sacerdotes Maristas, ya bien establecidos en las diócesis de Belley y de Lyon, trabajaban en el apostolado de la educación en los seminarios, las misiones internas y ahora con un apostolado adicional, las misiones extranjeras, contaban con una nueva situación - miembros de una congregación pontificia. Libres de la dirección y control total de los prelados diocesanos, los Maristas podían ir a las Misiones del Pacífico y seguir con el apostolado en sus diócesis de origen. Los Prelados en el timón (De Pins y Devie) se encontraban bastante complacidos. Desde luego la Providencia había sonreído a los Maristas al otorgarles la feliz oportunidad que los sacó de la obscuridad al esplendor de la aprobación papal. Sin embargo, existía otro elemento, el de una percepción aguda y un respetuoso empeño de Jean-Claude Colin.

 

CHAMPAGNAT Y LOS DOS GRUPOS DE HERMANAS

Al ayudar a las Hermanas con el reclutamiento, los sacerdotes Maristas mostraron esmero en lo concerniente a la calidad de las aspirantes. Para ilustración se cuenta con una carta del P. Champagnat a Jeanne-Marie Chavoin. En esta carta vemos un excelente relato de lo que el P. Champagnat espera de las jóvenes aspirantes. Claro está que también es un esquema de lo que la Superiora de las Hermanas Maristas deben pedir. Esta carta, escrita a fines de agosto de 1832 nos dice de la ayuda que el P. Champagnat otorga en el reclutamiento a favor de las Hermanas Maristas. Era el P. Fontbonne el responsable en dirigir estas jóvenes hacia las Hermanas, pero fue el Padre Champagnat, quien como Provincial Marista en Lyon, personalmente entrevistó a estas tres antes de aprobarlas como candidatos.

"Señora Superiora, le estoy enviando las tres jóvenes de St Laurent-d´Agny de quienes ya le había hablado. Como no pueden aportar todo lo que ellas quisieran en cuanto a riquezas, ellas aportan por lo menos una buena voluntad para hacer todo lo que usted les pida. Les he dicho que si no le traen una perfecta renuncia de sí mismas, una sumisión a toda prueba, una gran apertura de corazón, una firme vocación y un verdadero deseo de amar a Dios en imitación a Maria, entonces no deben ellas de continuar más sus esfuerzos. Como respuesta, me dijeron que esos eran sus sentimientos y los deseos de su alma. Les he dicho que usted conservará esta carta para poder recordarles sus promesas a su debido tiempo y lugar. Me dijeron que estaban muy de acuerdo y que dispuestas para firmarla y si era necesario lo harían con su propia sangre...Puedo asegurarle que las tres pertenecen a muy buenas y cristianas familias".

Después seguían detalles en cuanto a vestuario, ropa de cama y dote. Tanto el P. Champagnat como Chavoin tenían sus pies bien puestos en la tierra y eran eminentemente prácticos en el manejo de estos asuntos.

La participación del P. Champagnat en el movimiento de las Hermanas Maristas se extendía más allá de lo centrado en Belley. En carta del 3 de febrero de 1832 Colin le menciona al P. Champagnat sobre el grupo fundado por Courveille. "Si usted hace un viaje a la diócesis de Grenoble, mucho le agradeceré recabe información acerca de las Hermanas de St Clair. Podría visitar y averiguar a qué grupo se han unido y si todavía piensan acerca de la Congregación de María". Es evidente que Colin no estaba al tanto de que las Hermanas de Courveille se habían cambiado de St Clair y que hacia tiempo se habían establecido en St Antoine. Esto había sucedido seis años antes, una muestra del distanciamiento de Colin del escenario de Courveille.

Parece ser que el P. Champagnat sirvió como intermediario entre las Hermanas de Courveille y el grueso de los Maristas. En la primavera de 1835 se presume que estas Hermanas tuvieron contacto con el P. Champagnat con miras a una eventual fusión con las Hermanas Maristas de Belley. No sabemos que fue lo que siguió en esta ocasión, pero tres años después el P. Champagnat de nuevo fue llamado por estas Hermanas.

 

LOS SACERDOTES MARISTAS DE LYON

Para fines de 1832 el P. Champagnat, libre de toda pesadumbre provocada por las disputas internas que bloqueaban el progreso de los Hermanos entre 1826 y 1829, avanzó con mas libertad hacia su meta de proveer educación cristiana a los niños de su región de Francia. El reemplazo de Champagnat como jefe de los sacerdotes Maristas en la arquidiócesis había sido el deseo de Colin, esto provocó una nueva elección otorgando así un nuevo jefe para fines de 1832, el P. Seon. Es comprensible que esto no fuera fácil de aceptar para el P. Champagnat pues , aparte de que por unanimidad fue elegido jefe del grupo de Lyon, él contaba, desde su puesto de autoridad, con una visión más adecuada para asegurar que hubiese suficientes sacerdotes asignados al Hermitage y así ayudar en la formación de los Hermanos. Por lo tanto para el P. Champagnat el haber perdido el título de jefe de los sacerdotes era de menor consecuencia que la pérdida de no poder contar con la posibilidad de ayuda para apoyar a sus Hermanos en su trabajo. La humildad y obediencia del P. Champagnat le otorgaron fortaleza en esta nueva prueba.

El Padre Forest permaneció con el P. Champagnat cuando los otros sacerdotes Maristas se cambiaron a Valbenoîte. Poco tiempo después el mismo P. Forest fue también llamado a esa residencia, su reemplazante en el Hermitage fue el juvenil Padre Servant. En una carta del 14 de febrero de 1833 de Pompallier al P. Champagnat se ve que el P. Champagnat insistió el retener por más tiempo a Forest, pero la arquidiócesis no otorgó permiso. Sin embargo, pronto llegaron buenas noticias el siguiente mes, y fue cuando Colin escribió para comunicar que un gran simpatizador de la Obra Marista, el Vicario General Cholleton, había sido nombrado encargado de los asuntos de la Sociedad de María en Lyon. La buena suerte, pero de diferente manera, vino en el mes de mayo del mismo 1833. La Señorita Marie Fournas, en su testamento y herencia, dejó una extensa y valiosa propiedad (evaluada en 70,000 francos de esa época) al P. Champagnat. Grange Payre, nombre como se conocía esta propiedad, que jugaría una parte significativa en los acontecimientos Maristas. De hecho esto mostró ampliamente la entrega y devoción del P. Champagnat a la rama de los sacerdotes de la Sociedad de María.

Uno de los sacerdotes aspirante a Marista, el P. Chanut, que había vivido en el Hermitage durante su último año del teologado, escribió desde Valbenoîte a principios de 1833. Deseoso del bienestar de su joven sobrino, Chanut solicitó al P. Champagnat el aceptar a este joven en el noviciado del Hermitage. "Creo que posee el temperamento adecuado al ambiente de su casa, es calmado, de espíritu tranquilo y sin muchas inquietudes..."

 

 CHAMPAGNAT - ". . . CON AMIGOS COMO ESTOS . . ."

Este año no estuvo privado de momentos sombríos. El 28 de junio la Ley Guizot, fue oficialmente proclamada en la que obligaba el poseer el certificado a todos los maestros y el servicio militar lo hacia obligatorio. Sin embargo existía una "cláusula evasiva " en relación al servicio militar, ésta presagiaba problemas para la congregación no autorizada del P. Champagnat.

En el mes de julio el P. Champagnat se encontraba en Belley donde, junto con el Obispo Devie, estudiaba el proyecto del señor obispo para que los Hermanos Maristas atendieran una granja modelo en la región de Bresse. Era una oportunidad para los Hermanos Maristas y poder entrar en la diócesis de Belley. Sin embargo el proyecto no se llegó a materializar.

Mientras tanto, en la arquidiócesis de Lyon, la congregación del P. Champagnat se encontraba bajo vigilancia. Las autoridades de la arquidiócesis, preocupadas por las ordenanzas gubernamentales que tenían sitiada la ciudadela no autorizada del P. Champagnat, procuraron levantar ese sitio forzando una amalgama. De manera irónica, el Vicario General Cholleton, el gran abogado de los Maristas, encabezaba la columna de "ayuda". El Consejo del arzobispado tomó una decisión el 7 de agosto de 1833: "El Consejo es de la opinión que los Pequeños Hermanitos de María se adhieran a los Clérigos de St Viateur de Vourles, quienes ya están legalmente autorizados. Por lo menos existen razones suficientes para que se efectúe un ensayo". De hecho, el consejo revertía una previa decisión; la del 5 de diciembre de 1832, que se había desvanecido debido al esfuerzo personal por parte del arzobispo para obtener la aprobación, un esfuerzo que, como ya vimos, fue otro fracaso por parte del prelado. Al Arzobispo de Pins, que decididamente no era amigo del nuevo Rey ni de su gobierno, no le era posible obtener concesiones de estos agentes de poder.

El Padre Querbes, Fundador de los Clérigos de St Viateur, una vez informado de este proyecto arquidiocesano, planteó ciertas condiciones para aceptar esta unión. Cholleton, una vez más contactó a Querbes. En una carta con fecha del 23 de agosto, el Vicario General decía que, después de entrevistar al P. Champagnat, confiaba que la unión seria realizada. En ella Cholleton agregaba que "el P. Champagnat me parecía muy bien dispuesto hacia esta unión. Él vendrá a verle en el transcurso de la siguiente semana". Sin lugar a dudas, esta era la interpretación de Cholleton a una explicación probablemente dada de manera confusa por un Champagnat que por el momento se encontraba conmovido emocionalmente .

El Vicario General Cholleton, que posteriormente fue Marista, tenía amistad con Pompallier quien, por medio de su ministerio en Fourvière y La Favorite, gozaba de cierta proximidad a los centros arquidiocesanos. Pompallier, cada vez más, vino a ser el intermediario entre Cholleton y los Maristas. En relación al asunto con Querbes, existe información que fue Pompallier quien inició el movimiento que presionaba al P. Champagnat para echar su suerte con Querbes, se cuenta con documentos para probar esto. En una carta dirigida al P. Champagnat el 18 de agosto de 1833, aparentemente Pompallier hace referencia al proyecto: " Su viaje a Lyon me proporcionará muy pronto la oportunidad de tratar unos asuntos muy importantes con usted". En una segunda carta del 31 de agosto de 1833 (erróneamente fechada con 1831) da indicación clara de la participación de Pompallier en el movimiento para unir el grupo del Padre Champagnat con el de Querbes. Finalmente, en una nota dirigida al Cardenal Bonald en 1844, el P. Querbes formalmente dice: "Este valioso superior, Padre Cholleton, inicialmente tenía la intención de combinar nuestro Instituto con los Hermanos de María. Esta idea fue aprobada por el consejo de Monseñor. También fue calurosamente apoyada por el Padre Pompallier de Vourles, sacerdote Marista". Con toda seguridad hasta allí llega el limite de la intervención de Pompallier. No hay ninguna duda del mutuo respeto que se tenían el P. Champagnat y Pompallier, (contamos con numerosas cartas que dan testimonio de esto), también sabemos de la estima que el P. Champagnat tenía por Cholleton, su antiguo Maestro de Teología Moral en el seminario. Sin embargo, Pompallier y Cholleton, ambos miembros del campo Marista, fueron motivo de aflicción para el asediado P. Champagnat. ¿Con amigos como estos, que necesidad se tiene de enemigos?

 

CHAMPAGNAT - ". . . DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN . . ."

Cholleton no comprendió bien al P. Champagnat. Al igual que Colin, el P. Champagnat tenía en alta estima a la autoridad de la Iglesia y consecuentemente a los que tenían esa autoridad. Comprendiendo que Cholleton estaba lo mejor dispuesto para ayudar e influenciado por la insistencia del Vicario Genera, el P. Marcelino retuvo para sí el rechazo espontáneo hacia la proposición del Vicario. Él quería tiempo para reflexionar, para consultar y para ordenar sus ideas. Le comunicó a Chollelton que iría a ver a Querbes pero que no se animaba a hacerlo. En lugar a eso y después de consultar a sus compañeros sacerdotes Maristas, le escribió al Vicario, expresándole su profunda repugnancia a toda este proyecto. El P. Champagnat le abrió su corazón con la misma conmovedora sencillez de la que atestiguamos en el gran "cri de coeur" de las famosas cuatro cartas de 1827. Contamos solamente con el borrador de esta larga carta, escrita en algún momento durante agosto o septiembre de 1833. He aquí algunos de las ideas: "Reverendo Vicario General, todavía aún no he realizado el viaje a Vourles: (I) por que he estado extremadamente ocupado; (II) por que no he considerado esta orden como definitiva; (III) por que no he comprendido completamente la cuestión. Yo entendí que se había dicho que el Padre Querbes deseaba ser Marista, en tal caso pensé que el Reverendo Sacerdote Párroco de Vourles debería hacer el primer acercamiento; (IV) ninguno de mis cohermanos, a quien he hablado sobre este asunto, lo aprueba y en cuanto a este punto no creo que yo deba dar este paso tan importante . No me atreví hablar de ello a los Hermanos habiendo visto la pena que causó entre los Hermanos en Millery, cuando imprudentemente alguien se lo comentó. En el tiempo cuando me quedé solo después del lamentable problema del Padre Courveille y la deserción del Padre Terraillon, usted me aconsejó el conferir con el Padre Querbes y que llegara a un acuerdo, lo vi, pero ciertamente no llegué a ningún entendimiento con él, como he tenido el honor de decírselo a usted". (N.B. Este encuentro con el P. Querbes debió ser entre la Fiesta de Todos los Santos en 1826 y la llegada del Padre Séon en junio de 1827. Era parte del plan arquidiocesano para ayudar al P. Champagnat. Sin embargo, en ese tiempo, la congregación del P. Querbes se estaba apenas iniciando. Su legislación llegó en enero de 1830. ) El siguiente párrafo de la carta del P. Champagnat ampliamente ilustra la expresión " la boca habla de la abundancia del corazón"

"Después de las terribles amenazas que se me hicieron... A la larga vi, con la llegada de Monseñor de Pins, un retorno a la calma. Muy pronto principiaron a llegar nuevos peligros, más terribles que los primeros, y que comenzaron a asediar a los Pequeños Hermanitos de María. Que paso tan desastroso fue aquel que di al seguir el consejo del Reverendo Superior. Lo que quiero decir, es cuando solicité al Padre Courveille que se encontraba en Epercieux. Ciertamente fue un día desastroso capaz de destrozar este trabajo si la divina Maria no lo hubiera sostenido con toda la fuerza de su brazo. Durante mi larga y delicada enfermedad, y con grandes deudas a mis espaldas, deseaba que el Padre Terraillon fuera mi único heredero. Él rechazó mi herencia, argumentando que yo no poseía nada. Tanto él como el Padre Courveille no dejaban de decir a los Hermanos " los acreedores pronto vendrán y los sacaran de aquí. Nosotros fácilmente podemos aceptar una parroquia y dejarlos a su suerte". A la larga Dios, en su misericordia, y con seguridad en Su justicia, finalmente me recobró la salud. Restauré la confianza de mis hijos. Les dije que no temieran, que compartía con ellos todas sus desventuras como compartiría hasta la última migaja de pan con ellos. En esas circunstancias pude ver que ninguno de los dos padres tenían sentimientos paternales hacia mis jóvenes. En cuanto otros puntos no tengo quejas de ninguna clase en contra del Reverendo Párroco de Notre Dame, cuya conducta siempre ha sido edificante en nuestra casa.

"Yo creí que se me había dejado solo por la separación del Padre Courveille y la salida del Padre Terraillon. María no nos abandonó... Maria nos ayudó, eso es más que suficiente."

Un investigador académico, al notar las manchas de agua en el borrador de esta carta, y viendo que, mientras la redactaba, el P. Champagnat se encontraba tan conmovido sugiere, que le brotaron lágrimas, manchando así la página. Esta explicación es muy factible, especialmente si consideramos que probablemente sea esta la carta más conmovedora y dramática que nos viene del puño y letra del P. Champagnat.

 

CONSECUENCIAS DEL PROBLEMA

¿Se llegaría a realizar el encuentro entre los dos fundadores? Lo más probable es que sí pero fácilmente se comprenderá que las negociaciones entre los dos sacerdotes, aunque en un marco de mutua estima, no era posible que progresaran de manera favorable. Ambos sacerdotes eran hombres muy espirituales y respetuosos de la autoridad para no seguir las directrices del consejo arquidiocesano. Ambos estaban convencidos que la unión no funcionaría. El espíritu y el objetivo de las dos congregaciones no era semejante. Diferían en sus reglas, su vestimenta y en muchas otras cosas más. Sin embargo se hicieron intentos aunque faltaba entusiasmo. El P. Querbes propuso unos ajustes al texto de los Estatutos, pero lo hizo con poca convicción o entusiasmo.

De cualquier modo Cholleton, no quitaba la vista de esta panacea que había dado para remediar la situación. La presión se mantuvo sobre el P. Champagnat. En una carta de Cholleton a Querbes con fecha del 10 de octubre se daba el toque del éxito "El Padre Jesuita que dió el Retiro a los Hermanos del Hermitage dijo al Vicario General Barou que el Padre Champagnat no se encontraba bien dispuesto a aceptar nuestros puntos de vista en relación a la unión". La información era incorrecta. Los puntos de vista del P. Champagnat no habían cambiado. El se resistía a la proposición, especialmente al no haber recibido una orden formal de parte del consejo arquidiocesano, cuyos componentes, reacios de dar una orden, sencillamente seguían recordándole al P. Champagnat.

P. François Mazelier

El retraso ganó tiempo para el P. Champagnat, y eventualmente, ganó la batalla. Algún tiempo después el mismo arzobispo, Monseñor de Pins, felicitó al P. Champagnat por la sabiduría que había demostrado al resistir la fusión que de manera tan patente había sido mal juzgada. Sin embargo, el Padre Champagnat tuvo que soportar cerca de seis meses de tirantez durante la ausencia del Superior Marista, Jean-Claude Colin, debido a su viaje a Roma, Cholleton y Pompallier, compañeros aspirantes Maristas, sobresalieron en el ejercer presión sobre el P. Champagnat. Convencido de su sinceridad, el Padre Champagnat no les guardó ningún rencor. Por medio de la persona de Cholleton el P. Champagnat hizo una oferta magnánima a la arquidiócesis, mientras que Pompallier, como lo veremos más adelante, estaba tan convencido de la integridad y amistad del P. Champagnat que, previo a su viaje a Oceanía en 1836, tuvo un gran gesto de confianza hacia el Fundador de los Hermanos Maristas.

Desde los comienzos de 1834 el P. Champagnat inició el obtener respaldo adicional para obtener la autorización de sus Hermanos buscando el respaldo del Prefecto del Loira, que quería presentar personalmente al gobierno los documentos requeridos. Consecuentemente, los Estatutos de la Congregación y la solicitud oficial dirigida al Rey fueron enviados al Prefecto, quien a su vez los envió a París. El 28 de febrero de 1834, el Consejo Real de Instrucción Pública aprobó los Estatutos, pero la Ordenanza Real no fue concedida.. Guizot, poderoso Ministro, era un hombre religioso que tenía un alto concepto de la educación y de la vida religiosa Católica especialmente el de las religiosas, pero al igual que los políticos contemporáneos, no guardaba buenas disposiciones hacia las congregaciones de religiosos varones (aparte de los Hermanos De La Salle) que se dedicaban al trabajo de la educación.

Guizot no dió ninguna razón para el rechazo, pero tampoco estaba obligado a hacerlo. Es bastante claro que en el gobierno de ese período había un grupo muy poderoso e influyente duramente opuesto a "le parti-prêtre" el partido clerical, nombre que se daba desde el tiempo de los Borbones a aquellos que en la vida pública estaban influenciados por el clero. El P. Champagnat, de esta manera, sufrió por los pecados políticos del clero de generaciones pasadas. Por fortuna para él, los prospectos para una autorización no eran del todo negros. Había un destello de luz al fin de un largo túnel. Cuando la tormenta de nieve sorprendió al P. Champagnat en aquella negra noche de 1823, el granjero Donnet literalmente aportó una lámpara que protegió la vida del Fundador que en ese momento estaba en peligro. Cuando a mediados de 1830 se desató la tormenta sobre el P. Champagnat, el P. Mazelier aportó la lámpara que iluminó el camino para la amenazada congregación del P. Champagnat.

En el mes de mayo de 1835 los Padres Champagnat y Mazelier llegaron a un acuerdo, mismo mes en el que el P. Champagnat escribió a la Reina Marie-Améle, pidiéndole que persuadiera al Rey a otorgar la autorización aprobada por el Consejo Real pero bloqueada por Guizot. El P. Mazelier vino al Hermitage donde el P. Champagnat y él estudiaron la posibilidad de unión entre las dos congregaciones. El P. Mazelier, cuya pequeña congregación (los Hermanos de St Paul-Trois-Châteaux) tenía autorización gubernamental, por lo tanto sus miembros estaban libres de conscripción para el servicio militar, acordaron recibir aquellos Hermanos del P. Champagnat que estaban en peligro de ser enrolados para el servicio militar. Con este convenio los jóvenes Maristas se trasladaron al centro de Mazelier en St-Pau-Trois-Châteaux donde estudiaban para obtener el Certificado de Maestro, impartían clases en las escuelas de Mazelier y a su debido momento regresaban con sus Cohermanos Maristas. Este fue un acuerdo que solucionó los problemas de la conscripción y la preparación para los Hermanos del P. Champagnat como maestros y a la vez proveer de personal religioso para el grupo de Mazelier escasa de vocaciones. El 13 de junio, los primeros cuatro Hermanos Maristas se encaminaron hacia el sur para poner en practica la teoría. Funcionó bien. Las dos congregaciones tenían mucho en común, los elementos encajaron bien y un poco después de la muerte del P. Champagnat, los Hermanos de Mazelier se unieron a los Maristas.

 

 ESCENAS "DOMÉSTICAS"

El 25 de abril Pompallier envió una carta al P. Champagnat donde le decía de un pequeño legado que Cholleton deseaba que el P. Champagnat aceptara. La carta también hace mención acerca de los seis días de guerra civil en Lyon, esto nos recuerda que el relato de la vida del P. Champagnat debe ser leído con un ojo en la historia de Francia, sus batallas militares, políticas, sociales y educativas. En el año de 1834 aquí en Lyon (como fue el caso en 1831), hubo una lucha socioeconómica de los obreros en contra de la explotación por parte del sistema capitalista en este periodo inicial de la revolución industrial en Francia. Durante este tiempo, en el valle del Gier como en otras partes, los Hermanos del P. Champagnat brindaban educación primaria para los hijos de los mineros en las escuelas establecidas por los propietarios que tenían algunos conceptos humanitarios.

Fue a principios de 1834 que el P. Champagnat se lanzó a establecer un sistema administrativo más completo. Se organizó un Secretariado en el Hermitage, encargado de conservar copias de las cartas enviadas y registraba los acuerdos en un libro especial. La medida fue muy a tiempo, pues la Congregación del P. Champagnat crecía en numero y en importancia. Por ejemplo en 1834 hubo cinco fundaciones y cuatro más el siguiente año. En 1835 no menos de cuarenta y cinco postulantes recibieron el hábito religioso. Afortunadamente para este numeroso grupo, su futuro como congregación enseñante no autorizada, no era tan lúgubre, porque aparte de la protección y respaldo proporcionado por el bien intencionado Prefecto del Loira, el P. Champagnat también contaba con la ayuda, aunque un poco débil, en los acuerdos con el Padre Mazelier.

Fue a principios de 1835 que se abrió otro capítulo en la historia agridulce de La Côte-St-André. El Padre Douillet había enviado muchos postulantes al Hermitage, esta es la parte dulce. El Padre Douillet alteró y olvidó sus compromisos, esta es la parte amarga. El P. Champagnat retiró al talentoso H. Louis-Marie porque ocupaba de sus servicios para la administración y para la formación de los Hermanos. Douillet imploró al P. Champagnat le devolviera al H. Louis-Marie a La Côte-St-André. A cambio el P. Champagnat aceptó recordando que los Hermanos vivieran su vida comunitaria en paz sin la invasión molesta de Douillet y su sirviente la "Hermana" Martha. Sus palabras en lo concerniente a esta buena señora fueron precisas: "La Hermana Martha no tendrá ninguna supervisión sobre los Hermanos, ni acerca de su comida; y no entrará en la casa. Yo dejaré con usted al Hermano (Louis-Marie) por un mes o dos". Sin embargo la situación en La Côte siguió tan delicada que el P. Champagnat se vio obligado a dejar al Hermano más tiempo como mediador en La Côte-St-André.

El disparo de un auténtico balazo en Marlhes vino a ser una bendición embozada para el P. Champagnat y también para el Padre Matricon, blanco del disparo de la pistola. Este joven sacerdote, que en 1821 había estudiado Latín en La Valla con P. Champagnat, fue severamente atemorizado por ese atentado de asesinato. Una de las versiones de lo acontecido es que una noche un libertino, cuya víctima había sido convertido por Matricon, disparó un balazo a la ventana del cuarto de Matricon. De lo que haya verdaderamente sucedido en el incidente, Matricon quedó tan asustado por ese ataque nocturno que ya no podía hacer frente a sus deberes en la parroquia. Obtuvo permiso para ser capellán del Hermitage, donde pasó más de cuarenta años al servicio de la comunidad. Deseoso de ser Sacerdote Marista, emitió sus votos en la congregación el año de 1839. Su llegada al Hermitage fue una bonanza para el P. Champagnat, que siempre estuvo ansioso de tener suficientes clérigos en el recinto de la casa. Se debe de agregar que para este tiempo las paredes de esa casa se extendieron, pues a la parte norte del Hermitage se le agregaron tres nuevos niveles. La roca que sobresalía en el lado occidental se niveló en preparación para la nueva capilla, cuya construcción completó el cuadrilátero del edificio. Al igual que su congregación, el Hermitage del P. Champagnat se expandía y se consolidaba.

 

CHAMPAGNAT Y LOS SACERDOTES MARISTAS

- CONTRATIEMPOS EN VALBENOîTE -

Abadía de Valbenoîte El Padre Séon reemplazó al P. Champagnat como jefe de los sacerdotes Maristas en la arquidiócesis de Lyon. Esto no significó que menguara el interés del P. Champagnat por sus hermanos sacerdotes. Todo lo contrario, pues pronto adquirió una angustia por su futuro como Maristas. Según su manera de ver, el problema radicaba en la casa residencia en Valbenoîte, donde la atención a la parroquia parecía incompatible con la vida religiosa y misionera a la que aspiraban y en la que los recién llegados necesitaban formación.

Este era el punto de vista del P. Champagnat y su petición a las autoridades arquidiocesanas. Su queja iba acompañada de una solución. Los aspirantes Maristas podrían vivir en La Grange Payre, magnífica propiedad heredada al P. Champagnat por una bienhechora generosa. Es más, la propiedad podría ser donada a la arquidiócesis para ese fin. Era un espléndido gesto, típico de la grandeza de corazón del P. Champagnat. También era muestra del interés del Padre por los sacerdotes de la Sociedad. Los Hermanos en el Hermitage habrían pensado con cierto resentimiento en la generosidad de su Fundador, pues con el número rebosante de habitantes en la Casa Madre, los Hermanos podrían hacer buen uso de esa propiedad en lugar de ofrecerla a los sacerdotes.

La carta del P. Champagnat era sincera: "El lugar de mis cohermanos en Valbenoîte no les favorece. La parroquia y el curato no convienen a la Sociedad, sobretodo como los sacerdotes se encuentran actualmente colocados. La administración de la parroquia los ocupa plenamente y así seguirá aun más. Los mejores elementos pierden su vocación en ese lugar. Aquellos que sienten el atractivo por la vida religiosa no se atreven a ofrecerse por temor a ser empleados como curas... No existe sacrificio alguno, no me siento preparado para realizar este trabajo". Fue en esta carta cuando se hizo la oferta de traspasarles la Grange Payre.

El P. Champagnat escribió también a Jean-Claude Colin a propósito de su angustia. Parecería que las autoridades Maristas en Belley pensaban de la misma manera que el P. Champagnat: la situación de los sacerdotes en Valbenoîte necesitaba de ayuda y que dentro de lo posible, estos sacerdotes deberían estar en una casa separada y bajo la dirección del P. Pierre Colin. En una carta posterior enviada al P. Champagnat, Jean-Claude muestra con mucha claridad el aprecio y afecto por su colaborador de la primera hora: "Mi muy querido cohermano, todas las cartas que provienen de su puño y letra me son queridas y agradables, pero en realidad nunca había recibido de usted una que me causara tanto agrado como su penúltima carta en la que me informa de lo que le escribió al Padre Cholleton. En ella pude ver su abnegación y entrega en general a la Sociedad de María".

Con toda probabilidad y animado por la carta de Colin, ciertamente deseoso de obtener una decisión por parte de las autoridades arquidiocesanas, una vez más el P. Champagnat escribió a Cholleton. El P. Champagnat se había enterado que el Padre Rouchon, cura párroco de Valbenoîte, había pasado cuotas a sus sacerdotes, los jóvenes Maristas, en la misma forma como hacia el Estado del el Antiguo Régimen, sembrando parte de lo recolectado de impuestos entre sus agentes colectores. Esta carta presenta puntos relacionados con el dinero y a la vez la visión ortodoxa del P. Champagnat en relación a la vida religiosa. Una vez más no esconde ni sus convicciones y ni sus sentimientos: "Veo claramente que en Valbenoîte el trabajo de los sacerdotes va al fracaso, pues se encuentran en una situación falsa. ¿Dios mío que es lo que me pides? No hay nada que yo no este dispuesto a sacrificar para evitar que el trabajo de María vaya al naufragio. Le puedo asegurar, ahora más que nunca, que veo claramente que Dios quiere ese trabajo pero en una situación diferente a la que ahora se encuentra. La preocupación y el deseo de llegar a ser rico arruinará todo. Que Dios me cuide de juzgar a mis hermanos. Su abnegación y entrega me han edificado mucho desde que he tenido el honor de tenerlos conmigo. Lo único que deseo es culpar aquellos que les dieron esos consejos... Permita que los Padres Pompallier, Séon, Forest y Bourdin o uno de Belley en lugar de él y que se reúnan todos, viviendo su Reglamento, y por lo tanto no teniendo ningún otro ministerio que el de los retiros, las misiones internas en el campo y entonces se verá que las cosas toman un nuevo giro.... . Le prometo, una vez más, que no permitiré que a mis hermanos les falte algo, aunque tenga que vender mi última camisa. Le comento esto con lágrimas en los ojos..... Es solamente viviendo alejados del mundo y meditando las grandes verdades que conservaremos el

espíritu religioso". 

 

COLIN - UN PUENTE SOBRE AGUAS TURBULENTAS

El P. Champagnat informó a Colin de su segunda carta a Cholleton. Colin, a la vez que apoyaba la postura de su colega y su razonamiento, observó una actitud de prudencia en su respuesta, pues era consciente que más de una sensibilidad podría ser lastimada. De manera más particular él era mas sensible en relación a la posición del P. Séon, el nuevo Superior Marista en la arquidiócesis y confirmado en ese puesto por las autoridades: "Arregle todo con paz y dulzura. Sus ideas son buenas, pero en caso de que no se puedan realizar, sin quebrantar la paz y la unión de corazones, será bueno contemporizar". Aquí Colin está ejercitando aquellas cualidades de prudencia, cautela y consideración que son las consecuencias que marcaron su liderazgo. En esta situación específica, el P. Champagnat, que se encontraba emocionalmente conmovido, estaba necesitado de prudencia y dominio. Era el reverso de la situación de 1830 donde el empuje decidido del P. Champagnat era esencial para profundizar através de las vacilaciones de un sobrecuidadoso Colin en cuanto al tema de la elección de un superior central.

Colin apoyó la idea del P. Champagnat para enviar a Valbenoîte a su hermano Pierre Colin, firme y experimentado sacerdote Marista, capaz de asegurar la estabilidad de la comunidad. La reagrupación de los sacerdotes en La Grange Payre no se realizó, la propiedad permaneció con los Hermanos del Padre Champagnat. Se continuó comentando la reubicación de los sacerdotes aspirantes jóvenes pero no se llegó a nada a pesar de la oferta del Padre Forest en enero de 1836 de poner un noviciado para los sacerdotes en La Favorite, cerca de Fourvière. Eventualmente y después de la aprobación pontificia de los sacerdotes Maristas, el noviciado para todos los sacerdotes formandos se trasladó a rue Montée St. Barthélemy, Lyon en la colina de Fourvière. Eso fue en noviembre de 1836. 

 

LOS HERMANOS - PUNTOS DE VISTA DIVERGENTES

Considerando la naturaleza y carácter del P. Colin y del P. Champagnat, podemos concluir que su relación fue libre de problemas mayores. Si tuviésemos que elegir una área que ocasionara mayores dificultades, sería el lo relacionado al problema de los Hermanos auxiliares, los Hermanos legos de la Sociedad de sacerdotes. De manera muy franca Colin admitía que inicialmente no había dado consideración a los Hermanos enseñantes. Junto con los otros compañeros fundadores, estuvo de acuerdo con la idea del P. Champagnat, pero a lo largo de los años compartidos, Colin creía que los seguidores del P. Champagnat se les podía llamar para que realizaran el trabajo que él tenía en mente para los Hermanos legos. Esta era una visión que causó dolor a los Hermanos Maristas, especialmente a los que no eran maestros y que querían permanecer en las comunidades de los que seguían al P. Champagnat.

En la Regla de Cerdon, Colin no hizo referencia a Hermanos enseñantes. Escribió a cerca de "fratres adjutores", Hermanos asignados al trabajo manual. Seguidamente encontramos que en 1832 hizo alusión escrita en una carta que Colin dirigía al grupo de Lyon : "En cuanto al arreglo en relación a los Hermanos Maristas y José.... aquí en Belley pensamos que sería solamente un grupo, y que este cuerpo se compondría de dos clases de Hermanos, los Hermanos Maristas y los Hermanos José. Los que sean recibidos como Hermanos José nunca podrán llegar a ser Hermanos Maristas, a menos de que haya razones muy graves, los Hermanos Maristas podrán llegar a ser Hermanos José, siendo la diferencia entre Hermanos Maristas y Hermanos José el trabajo que se les asigne . Más tarde se verá si estos últimos tendrían el mismo hábito religioso".

El proyecto de Colin no fue muy bien recibido en el Hermitage. De hecho cuestionaba la misma estructura de la congregación en la que los Hermanos del P. Champagnat habían hecho sus compromisos. Colin fue lo suficientemente sagaz y flexible para cambiar de plan. En una carta posterior anunció que en Belley formaría un grupo de Hermanos José. También expresó el deseo que el P. Champagnat le facilitara por lo menos " un Hermano de edad, lleno de virtud y abnegación" para colocarlo a la cabeza de esta empresa.

Se tiene una carta fechada más de dos años más tarde en la que Colin habla de nuevo de su intención de tener a los Hermanos Maristas y los Hermanos José en una sola organización. También declara que se propone "enviarle dos de nuestros Hermanos para que hagan su noviciado con usted y que ahí reciban el santo hábito". Parecería que, en principio, los Hermanos José serían reclutados por Colin y otros sacerdotes Maristas, pero que su formación estaría confiada al P. Champagnat, que contaba con personal y estructuras adecuadas, y que estaba bien dispuesto a brindar este servicio. Después de su profesión, los Hermanos José se encaminaran a su apostolado para ayudar a los sacerdotes. Lamentablemente una serie de intercambios en los que se involucraron los Maristas y los Josefinos fueron motivo de angustia para algunos de los Hermanos y para los dirigentes de la Sociedad, a tal grado que llegó a ser fuente de incertidumbre y molestias que eventualmente condujeron a fricciones y en una ocasión provocaron hasta fuego.

Parece ser que Colin llegó a tocar más de un nervio super sensible en su carta con fecha del 7 de enero de 1835: "Me parece que sería bueno si los Hermanos, que desempeñan algún trabajo manual, no usaran el rabat, y que en lugar de la cruz en el pecho usaran un rosario que colgara del cordón que los ceñía". El P. Champagnat, que sostenía que ninguna distinción debería introducirse entre los Hermanos, debió formular una pronta respuesta , expresando sus objeciones. Colin, al darse cuenta que se había expresado demasiado rápido, tuvo la humildad y la sensatez de retractarse. En una segunda carta en el mes de enero, modificó la antes dicho: "Las observaciones que he formulado en relación a la vestimenta de los Hermanos no puede ser implementada de inmediato pero delante de Dios pueden ser examinadas".

Colin a continuación expresó sus ideas en relación a la formación de los diferentes grupos: "Usted percibirá que los Hermanos destinados al trabajo manual no pueden ser formados como los demás. Durante su noviciado deberán ser empleados especialmente en diferentes labores manuales pues de otra manera perderán el gusto por el trabajo".

Un dato interesante en las cartas de Colin del mes de enero es la referencia que en ella hace de los sobrinos de Jeanne-Marie Chavoin. Al inicio de este mismo capítulo se hizo una cita de la primera de estas cartas. En la segunda carta Colin continua: " Con el tiempo podríamos hacerlos Hermanos para los colegios (de los sacerdotes) o para otras casas semejantes...". Aquí tenemos lo que puede considerarse como una imperturbable suposición de esa época - colocar a las personas en el medio de una vocación y con toda probabilidad la vocación llegaría. Como segundo aspecto (que ya nos hemos encontrado con él antes) es que la Sociedad de María era, en sus comienzos un asunto muy de familia. Colin, Champagnat, Chavoin, Chanel y otros contaban con parientes entre las filas de sus seguidores.

Pronto, en la diócesis de Belley, surgieron más complicaciones para los Hermanos, el Obispo Devie estaba deseoso de tener Hermanos, sea Maristas o José, como sacristanes. El P. Champagnat dió claramente su parecer a Colin en relación a este asunto: "Todavía soy de la opinión que este asunto de las sacristías acarreará vejaciones a nuestros Hermanos. Haga todo lo posible para evitar el comprometernos en esto".

 

 SOLEDAD EN LA CUMBRE

Por medio de una carta de Colin al P. Champagnat nos informamos que el trabajo de las sacristías fue eventualmente confiado a los Hermanos de la Sagrada Familia, un grupo religioso que ya estaba establecido en el centro de Belley. Colin, como Superior central, sintió las responsabilidades del puesto. Él deseaba profundamente tener a Cholleton como jefe de los Maristas y esperaba una disposición de la Providencia para que lo liberara de sus obligaciones arquidiocesanas como Vicario General. En el momento cuando los asuntos en Roma se movilizaban en favor de los sacerdotes de la Sociedad de María, Colin, sintiendo el peso del cargo y fatigado por las diferencias sobre la formación que persistían entre los sacerdotes de Valbenoîte, por un lado, y él y el P. Champagnat, por el otro, escribió el 19 de enero al "Padre y muy querido cohermano" Champagnat. Colin sabía que la aprobación de Roma era una indudable posibilidad y estaba esperanzado el tener solamente una Casa de Formación para todos los futuros Maristas. Después de expresar su oposición al plan de los sacerdotes de Valbenoîte para adquirir una residencia en Lyon, plan que probablemente surgió de las confusiones en la formación, Colin entonces procedió a decir: "Finalmente, mi querido cohermano, me dirijo a usted, pues es en usted y el Padre Pompallier en quien tengo plena confianza. Es en ustedes dos que yo encuentro lo máximo de ese espíritu tan necesario para el éxito en ese tipo de empresas. Me inclino a pensar que una vez más será a través de ustedes que la Sociedad llegará a consolidarse en la diócesis de Lyon". La "empresa" a la que hace referencia, con toda probabilidad, es la de la ubicación del noviciado para los sacerdotes Maristas.

"Es solitario el estar en la cumbre". Colin sentía la soledad y estaba buscando apoyo. El P. Champagnat tuvo la misma experiencia en los oscuros días de 1827. Las cualidades de su corazón y de su espíritu salvaron en ese período a la Sociedad de María en Lyon. La frase final nos muestra su gratitud y confianza en el P. Champagnat por sus servicios y su sostenido apoyo.

 

TRABAJO MISIONERO PARA LOS MARISTAS EN OCEANÍA

En una carta del 29 de diciembre de 1835, Pompallier comunica al P. Champagnat que Roma parece estar lista para otorgar el Breve de aprobación para la Sociedad, pero solamente para los sacerdotes. También le menciona sus actividades en relación a su próximo intento misional en Oceanía. Muestra indicios que esperaba ser nombrado jefe, que si lo podría ser, pues no sólo estaba interesado sino también muy activo en lo relacionado a esta misión, él era el favorito por parte de su amigo, el influyente Vicario General Cholleton, para este cargo.

En febrero de 1836 Pompallier solicita del P. Champagnat algunos Hermanos que lo acompañen en la expedición misionera a Oceanía. Finalmente se escogieron tres Hermanos jóvenes y los que respondieron eran valientes en más de un sentido, deseosos de arriesgarlo todo por Cristo.

La carta de Pompallier aseguraba que ya era inminente la aprobación de la Sociedad de los sacerdotes. En una posterior carta de Colin con fecha de abril 11, daba la noticia con gran alegría: la Sociedad de Sacerdotes Maristas (solamente la rama de los sacerdotes) había sido aprobada en Roma como una congregación de Derecho Pontificio. Veinte años de esfuerzos habían sido coronados con el éxito. Colin escribió: "El 11 de marzo último, la Sociedad de Sacerdotes fue aprobada por la Congregación de Obispos y Regulares y ese mismo día Su Santidad amablemente aprobó el decreto de la Sagrada Congregación". La confianza de Colin en cuanto al respaldo del P. Champagnat fue expresada en esa misma carta. Igualmente contenía una petición para que recibiera a Sebastián, su hermano mayor, en el pequeño grupo de ancianos a quienes el P. Champagnat estaba recibiendo y cuidando en el Hermitage, igualmente formulaba una súplica pidiendo Hermanos para las Misiones de Oceanía. Colin estaba seguro de que podía contar con el P. Champagnat aunque los Hermanos Maristas todavía no habían sido aprobados por Roma. Como veremos, su confianza no fue defraudada.

 Notas

1 Carta del P. J.C. Colin a la Madre Saint-Joseph (J.M.. Chavoin), 14/12/J833, O.M. I, Doc. 296, Líneas 95-98.
2 P. Colin al P. Champagnat, 24/6/l833, O.M.I, Doc. 272, Líneas 23-25.
3 Palabras del P. Colin al P. Mayet y al P. Eymard, O.M. II, Doc. 547, Líneas 169-171.
4 Carta del P. J.C. Colin al P. Champagnat, 7/1/1835, O.M. I, Doc. 330,  Líneas 59-66.
5 Carta del P. Champagnat al Obispo Mons. Devie, Julio de 1833, O.M. I, Doc. 273,   Líneas 25-26.
6 Súplica al Papa Gregorio XVI, 23/8/1833, O.M.l, Doc. 282, Línes 54-58
7 Ibid, 26/8/1833, O.M.I, Doc. 284, Líneas 8-15.
8 Carta del P. J.C. Colin ta la Madre Saint-Joseph, 14/12/l833, O.M. I, Doc. 296, Líneas 122-124.
9 Carta del P. J-C. Colin al P. Champagnat, 4/9/1834, O.M. I, Doc. 322,  Líneas 35-39.
10 Palabras de la señorita Clara Daniel al P. Mayet, O.M. II, Doc. 720, Líneas 104-107.
11 San Pablo a los Corintios, 2 Cor. 2, Línea 14.
12 W. Shakespeare, Hamlet, Act I, Sc. V, Lines 86-88.
13 Palabras atribuidas al P. Colin por el P. Maîtrepierre, O.M. II, Doc. 752,   Líneas 337-338.
14 P. J.C. Colin al P. Mayet, O.M. II, Doc. 466, Líneas 64-68.
15 W. Shakespeare, As You Like It, Act II, Sc. VII, Lines 146-147
16 P. Champagnat a la Madre Saint-Joseph, Agosto de 1832, O.M. I, Doc. 249. Ver Apéndice B
17 Carta del P. Colin al P. Champagnat, 3/2//832, O.M. 1, Doc. 242,  Líneas 64 -68.
18 Carta del P. Chanut al P. Champagnat, O.M. I, Doc. 22, Líneas 27-28
19 Deliberacion del Consejo Arquidiocesano de Lyon, O.M. I, Doc. 276.
20 Carta del P. Cholleton al P. Querbes, 25/8/1833, O.M. I, Doc. 280, Líneas 10-11.
21 Carta del P. Pompallier al P. Champagnat, 18/8/1833, O.M. I, Doc. 278,  Líneas 21-23.
22 P. Querbes al Cardenal de Bonald, 1844, citado en Achievement from the Depths, p. 327, Nota 142.
23 Millery está sólo a 4 kilómetros de Vourles. "News has wings" (Las noticias vuelan).
24 Borrador de una carta del P. Champagnat al P. Cholleton, O.M. I, Doc. 286, Líneas l - 14.
25 Obviamente, es una referencia al conflicto con el P. Bochard, 1823.
26 Muy probablemente, el P. Gardette, Superior del Seminario Mayor.
27 Esto es, el P. Terraillon.
28 Borrador de una carta del P. Champagnat al P. Cholleton O.M. I, Doc. 286,  Líneas 15-40.
29 Carta del P. Cholleton al P. Querbes, 10/10/l833, O.M. I, Doc. 291, Líneas 11 - 13.
30 Carta del P. Champagnat al P. Douillet, Octubre de 1836, Lettres de M. Champagnat, Vol. I, Textes, Doc.
70, Líneas 5-38.
31 P. Champagnat al P. Cholleton, O.M. I, Doc. 321, Líneas 3-10; 31-32.
32 P. Colin al P. Champagnat, 4/9/1834, O.M. I, Doc. 322, Líneas 7-13.
33 P. Champagnat al P. Cholleton, 8 de Septiembre de 1834, O.M. I, Doc. 323, Líneas 18-107 (en parte).
34 P. Colin al P. Champagnat, 23 de Septiembre de 1834, O.M. I, Doc. 324, Líneas 22-25.
35 P. Colin al P. Champagnat, 3/2/1832, O.M. I, Doc. 242, Líneas 52-60.
36 P. Colin al P. Champagnat, 8/4/1832, O.M. I, Doc. 246, Líneas 35-36.
37 P. Colin al P. Champagnat, 4/9/1834, O.M. I, Doc. 322, Líneas 25-27.
38 P. Colin al P. Champagnat, 7/1/1835, O.M. I, Doc. 330, Líneas 41-43.
39 P. Colin al P. Champagnat, 17/l/1835, O.M. I, Doc. 331, Líneas 7-9.
40 P. Colin al P. Champagnat, 7/1/1835, O. M. I, Doc. 330, Líneas 63-66.
41 P. Colin al P. Champagnat,17/1/1835, O.M. I, Doc. 331, Líneas 21 -24.
42 P. Champagnat al P. Colin, 29/3/1835, Lettres de M. J. B. Champagnat, Vol. I, Textes, Doc. 55, Líneas
88-90
43 P. Colin al P. Champagnat, 19/1/1836, O.M. I, Doc. 358, Líneas 45-50.
44 P. Colin al P. Champagnat, 11/4/1836, O.M. I, Doc. 380, Líneas 9-14.

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