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MIÉRCOLES
Rm 13,8-10; Sal 111; Lc 14,25-33
San Carlos Borromeo, obispo m.o.
El que no renuncia a todos sus bienes
no puede ser discípulo mío
PENSAMIENTO:
Dios tiene un sueño para cada uno de nosotros, para la humanidad y para nuestro Instituto. Al escuchar nuestros corazones, descubrimos su amor, misericordia y ternura como un Dios Padre y Madre, a la vez que reconocemos nuestras debilidades e incoherencias. Esta misma experiencia llevó a Marcelino a ser un hombre emprendedor, audaz y arriesgado. Su sueño consistió en “Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar a los niños y jóvenes”.
Carta del XXI Capitulo General octubre 2009
INTENCIONES:
Que seamos capaces de bajar del árbol de nuestras individualidades para celebrar la mesa de la fraternidad y la misión compartida.
El célebre obispo de Milán, nació en Arona (Lombardía) el año 1538. Su tío, el papa Pío IV, lo hizo cardenal a los 24 años y le encargó la administración de los Estados Pontificios. Fue uno de los grandes obispos del siglo XVI. A su sabiduría y talento se debe, en gran parte, que se terminara exitosamente el Concilio de Trento. Celebró sínodos y concilios, estableció colegios, renovó el espíritu de su clero y de las congregaciones religiosas. Su reglamentación del seminario diocesano de Milán, sirvió luego para toda la Iglesia. Murió en Milán a los 46 años, el 3 de noviembre de 1584. Pablo V en 1610 lo declaró santo.