“…Alguien te tiene que empujar a hacer algo…” (Tito)
Construyendo encuentros

 

La frase que titula la reflexión surgió en una reunión con los pibes y pibas del barrio, fue la respuesta a la pregunta ¿Por qué son importantes los grupos de pastoral? Y ahora nos pondremos a trabajar este comentario.
Tomo la palabra “empujar” para pensarla no solo como el movimiento brusco que se le ejerce a alguien para ponerlo en movimiento, sino como animar a alguien a construir algo que no forma parte de su mundo cotidiano, es decir, uno empuja a alguien a hacer algo que no lo hace por voluntad propia, si esta parado para que se mueva, si va despacio para que camine mas rápido, si esta justo por donde uno pasa para que se corra. Nosotros los empujamos a vivir momentos diferentes a los que se dan en su vida cotidiana.
En el barrio, para los pibes y pibas encontrarse con todo aquello que les puede ir diciendo quienes son es muy dificultoso y hasta a veces tristemente no tienen ninguna posibilidad de poder tener un espacio para ellos. Su modo de vida esta tan arrasado por la subsistencia, lo que se va dando en el momento que no tienen el tiempo para poder estar, para pensar en ellos. Desde sus producciones personales, ropas, alimento, vivienda, trabajo, todo es de todos y nada es propio.
Que puedan sentir que hay algo para ellos es enfrentarlos con su singularidad, sus deseos y eso es tan incomodo que les cuesta mucho poder tomarlo como propio. Los espacios tienen que ir esperando, enmarcando y animando constantemente su modo de apropiarse de algo.
Es un constante estar y soportar y no soportar como algo que no se aguanta, al contrario, es ser el soporte y acompañarlos en sus búsquedas, en sus ausencias, en aprender que hay alguien que quiere acompañarlos.
¿Y Uno a que empuja? a escuchar/se, conocer/se, a desplegar lo que hay en su interior, a luchar por sus sueños… es decir, a construir encuentros ¿encuentro con que o quienes? Con todo aquello que va tomando para construir su identidad.
Las propuestas de pastoral juvenil enmarcan un espacio virtual en donde cada uno se va encontrando con todo aquello que para uno van diciendo quien es. Desde el juego, una dinámica, una salida, tomar unos mates, comer unas pizzas, charlar sobre algún tema, son la manera de propiciar un encuentro. Pero un encuentro que va moldeando un yo, un encuentro que permite narrar y narrarse, que permite proyectarse, soñarse.
Y este encuentro que tiene que formar parte de nuestro recorrido por construir nuestra identidad tiene que estar habilitado por adultos que nos van marcando un camino, para seguir o para hacer el propio, debe haber una ley a la cual yo me quiera someter o transgredir. Aprendemos también a ser ese soporte paternal, esa ley que permite a alguien convertirse en un ser deseante, con intereses, con preocupaciones, miedos, imposibilidades, talentos… estar muchas veces se convierte en ser.
Creemos que “…Empujar a hacer algo…”, no tiene que ver con una practicidad, es construir un espacio en donde se sientan parte desde su singularidad, con su historia, con adultos que se interesan por acompañarlos en su camino y que animan a encontrarse con otros y con ellos mismos.
Hacer pastoral en los barrios es estar, acompañar, esperar, empujar a querer poder soñar.

 

Pamela Maza – Coordinadora de Pastoral Juvenil

 

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