
La Buena Madre
La Buena Madre, la que siempre ampara, acompaña, protege, consuela, la que nos acerca a su Hijo e invita a la cofianza sin límites en Dios y sus designios de amor; es presencia cálida y constante que San Marcelino experimenta e invita a descubrir en todo momento, en todo lugar y en cada acontecimiento.
Nos dice San Marcelino:
"Confíen todo a María, díganle que después de haber hecho ustedes todo lo posible, ella será la responsable si sus cosas no van bien. Encomiéndenle a sus niños, hagan con ellos una oración sencilla, como podría ser el "Acuérdate", a la Buena Madre. Aún en la necesidad, me atrevo a decir que tengo recursos, o mejor, es María quien los tiene abundantes para aquellos que confían en ella. María nos ayuda, eso basta. Nada temo, pues María, nuestra Buena Madre, será mi guía en todas mis acciones y mi refugio en las penas. ¿No es María su refugio y su Buena Madre? Cuanto mayores son sus necesidades, más interesada está Ella en correr en su ayuda. Lo dejo en brazos de María, nuestra buena y tierna Madre.
La inmensa confianza filial de San Marcelino hacia María es por el tesoro que ella siempre tiene para darnos. Esta certeza que abunda en el corazón de Marcelino es una herencia que fecunda la vida de sus hijos y está en profunda sintonía con el sentir de nuestros pueblos latinoamericanos que a ella recurre como a Madre Buena.
Desde los orígenes, María constituyó el gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo con quienes ella nos invita a entrar en comunión. María es verdaderamente Madre de la Iglesia.
Se trata de una presencia femenina que crea el ambiente familiar, lavoluntad de acogida, el amor y el respeto por la vida. Es presencia sacramental de los rasgos maternales de Dios. Es una realidad tan hondamente humana y santa que suscita en los creyentes las plegarias de la ternura, del dolor y de la esperanza.