Experiencia de Misión Barrio Ameghino 2008

 

La verdad es que me entere hace poco de este espacio para dar testimonios de las experiencias de pastoral, y es por eso que no recuerdo exactamente el orden de las actividades. Pero creo que de todas formas, creo que lo importante no pasa por ahí.
Fuimos al barrio Ameghino, bastante cerca de Lujan, a llevar a cabo nuestra experiencia de misión. Y digo nuestra porque creo que nos apropiamos de ella, la hicimos, la vivimos. Nos acompañaban horas de planeamiento, pilas de materiales, muchos nervios, y como siempre, la incertidumbre de lo nuevo. Una de nuestras intenciones era poder pasar un buen momento con los niños del barrio, ya que llegábamos justo para la fiesta de Reyes, que hacia un tiempo que no se hacía allí. Pero también compartir un espacio con los adultos.


Apenas llegados, tal como el año pasado, la multitud de chiquitos se acerco a la capillita donde nos refugiábamos del sol cuando estábamos en el barrio. Algunos de nosotros ya habíamos ido a este barrio el año anterior, y siendo uno de ellos puedo decir que fue hermoso volver a ver las mismas caritas.


Para la Fiesta de Reyes nos propusimos jugar con los chicos un rato, y luego que vinieran los Reyes Magos a darles unos regalitos dulces. Al momento de pensarlo fue increíble darse cuenta de que lo estábamos haciendo nosotros mismos. Todo salía de nosotros y trabajábamos como un equipo de hermanos. A la hora de llevarlo a la práctica tuvimos algunas complicaciones. Jamás habíamos concebido la estampida de gurises que se acerco a la canchita de fútbol incluso una hora antes de que todo empezara. Pero a pesar de las dificultades lo llevamos adelante y todo salió excelente. Y por fin llegaron los Reyes Magos (Matías, Eduardo y Fabrizio, que soy yo). Y les regalaron todo tipo de dulces y caramelos a los chicos. Nunca me voy a olvidar las expresiones de ilusión y felicidad de algunos chicos al poder sacarse una foto con un rey mago, o al poder tocarle la cara. Las caritas hermosas llenas de alegría se van a quedar grabadas en mi alma por siempre.


No conformes con eso, nos aventuramos a organizar un día de juegos para los pibes. Armamos juegos simples hechos con botellas, latas, globos, harina y muchas otras cosas simples. Los chicos jugaron cien veces a cada juego. Si hago silencio, y me esfuerzo lo suficiente, todavía puedo escuchar sus risas emocionadas al tumbar una lata de la mesa con una pelota hecha de goma Eva y piedritas.
Pero como les dije también nos dedicamos un espacio para los adultos. Organizamos un pequeño encuentro para poner en común los sentimientos de cada persona que sintiera ganas de expresarse, tomamos mate, tocamos la guitarra y comimos masitas. Un verdadero encuentro de amigos. Una verdadera celebración.
Y no quisiera olvidarme de las largas caminatas bajo el hirviente sol para visitar todas y cada una de las casas del barrio ofreciendo un espacio para charlar con el tata Dios, agradecerle el presente y pedir por el futuro. Y si bien, en general, había más para pedir que para agradecer, pocas veces he visto fortaleza semejante en la gente. En la gente del barrio Ameghino, es imposible no ver a Dios. Nos reímos con ellos, oramos con ellos y lloramos con ellos., y en definitiva somos parte de ellos, y ellos de nosotros.
Me gustaría antes de despedirme recordar a todos los que nos ayudaron en el barrio: Néstor, Walter, Lucas, Gastón, y sobre todo, Teresa.
Un abrazo enorme y eterno a todo Ameghino que tanto cambió mi corazón y un hasta luego, porque volveré en cualquier momento.

 

Fabrizio Bozza

 

 

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