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Fiesta de la Asunción de María - Mensaje del Hno. Horacio
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Escrito por Gerardo Accastello   
Jueves, 16 de Agosto de 2012 00:00

AsunciónJunto a toda la Iglesia celebramos la Asunción de la Virgen María al cielo en cuerpo y alma. En esta “dormición” María se ha dormido en Dios. Su elevación nos recuerda que “todo” nuestro ser está destinado a la plenitud de la vida. Mirando a María asunta al cielo, vemos lo que todos vamos a ser un día. Por eso, no nos desanimamos en la lucha. 

El Concilio nos recordó la verdad de María Asunta con estas palabras:

“La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a su Hijo, Señor de los que dominan y vencedor del pecado y de la muerte” (LG)

María asunta al cielo nos señala cual es la meta de nuestra condición humana y de nuestra peregrinación por la tierra. Como Ella, estamos llamados a la plenitud de la vida, a la transformación total de nuestro ser en esa gloria que no tendrá fin. Todo esto es don y gracia en beneficio nuestro. La Asunción expresa así la victoria de Dios y la promesa de su gloria para nosotros: Todo el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y yo lo resucitaré en el último día...”

En esta fiesta tan especial para los maristas, los invito a mirar a María con el corazón abierto y confiado de Marcelino. En su relación con ella todo era afecto y familiaridad. Nos decía que “con María lo tenemos todo”. Muchos episodios de su vida condensan esa tendencia potente de recurrir a María con la actitud de un niño, lleno de confianza y seguridad. Como Marcelino, necesitamos el rostro de la Madre que nos calma y serena. Ella no enseña a ser a ser fuertes, valientes y generosos en la entrega de la vida, sin dejarnos atrapar por la incredulidad y la desesperanza.

Hno. Horacio Bustos, provincial

Última actualización el Miércoles, 15 de Agosto de 2012 11:35
 
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